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Ciberbullying: El rostro más impune del acoso escolar

Existen cientos de publicaciones que han abarcado el fenómeno del acoso escolar y otras tantas que hacen énfasis en su derivado más reciente: el ciberbullying. Desgraciadamente, el hecho de que cada día más especialistas e instituciones estén enfocando sus esfuerzos a detener este problema, no ha evitado que este siga expandiéndose y cobrando fuerza entre las comunidades estudiantiles. Y lo peor, a edades cada vez más tempranas.

El ciberbullying es una extensión del acoso escolar.
El ciberbullying es una extensión del acoso escolar.

Nuestros hijos pugnan desde pequeños por el acceso a dispositivos electrónicos que les permiten integrarse al mundo de las redes sociales. El problema es que, si como padres y maestros tenemos grandes problemas ubicando el acoso en el plano de la realidad física, detectarlo a tiempo en el entorno de las redes sociales se vuelve una tarea prácticamente imposible.

Para prevenir el ciberacoso no basta hablar sobre él con legítimas buenas intenciones. Es necesario entender sus causas, aceptar las actitudes negligentes que nos hemos permitido al respecto del cuidado de los jóvenes, y admitir que el compromiso para terminar con él implicará tiempo, comprensión y esfuerzo por parte de todos.

¿Qué es el ciberbullying?

El ciberbullying es un tipo de ciberacoso que podemos definir como la expresión del acoso escolar en el mundo virtual. Difícilmente aparece de manera aislada. Ya que casi siempre es un reflejo y una extensión de las situaciones existentes dentro de las aulas e instalaciones escolares.

Es importante comprender este punto. Porque cuando el ciberbullying se hace presente, no basta con eliminar las publicaciones, mensajes y correos electrónicos de odio contra la víctima. Hay que solucionar el problema de raíz. Y su raíz está en el centro escolar, no en el ordenador ni en dispositivo móvil.

Para poder comprender los conceptos que te explicaremos a continuación de una manera práctica te recomendamos visualizar el siguiente video elaborado por el Ministerio de Educación de la Ciudad de Buenos Aires denominado “Reflexionar para ser responsables”.

Es muy frecuente pensar que el ciberbullying es el problema, pero no. El problema sigue siendo el acoso escolar. El acoso virtual es sólo una de las muchas formas que toma. Una que, sin embargo, permite a los victimarios un nivel de anonimato e impunidad muy superior que el del acoso físico o verbal.

Otra particularidad insidiosa del bullying virtual es su viralidad. Una comunidad estudiantil conectada por una red social puede convertir una humillación individual en una cadena de humillaciones recurrentes. Y estas se pueden volver “trendig topic” o “tema de moda” entre los compañeros de la víctima. Por lo cual las ofensas pueden alcanzar niveles y frecuencias devastadoras para quien las recibe.

Causas del ciberacoso

Las causas del ciberacoso no son distintas a la del bullying escolar.
Las causas del ciberacoso no son distintas a la del bullying escolar.

Las causas del ciberbullying son exactamente las mismas que las del acoso escolar. En otras palabras, no es el acceso a las nuevas tecnologías el responsable del problema. Si acaso, brinda una plataforma mucho más eficiente para herir y lastimar.

¿Entonces por qué nuestros niños y jóvenes están ejerciendo, fomentando o callando esas cantidades de violencia en su comunidad estudiantil?

  • Falta de atención, educación y comprensión en casa.
  • Exceso de energía gregaria y social que las instituciones educativas no logran canalizar adecuadamente por medio de actividades deportivas, extracurriculares y recreativas.
  • Normalización del problema. Es innegable que docentes, directores y padres de familia tienen un doble discurso en el cual, de cara a lo políticamente correcto, condenan el acoso escolar, pero en el otro lado de la moneda lo interpretan como algo normal, inevitable o “que siempre ha sucedido”.
  • Un profundo desequilibrio entre las herramientas que les damos a nuestros hijos para defenderse, y las exigencias soterradas que les inculcamos de destacarse del resto o evitar el conflicto a como de lugar.
  • Las víctimas introyectan el problema a tal grado que terminan por creer que ese es el orden natural de las cosas. Y que no hay nada que puedan hacer para cambiarlo.

El acoso escolar es un problema desgarrador para las víctimas. Pero también, por su enorme complejidad, tiende a salirse de las manos de quienes, en teoría, debemos velar y proteger el correcto desarrollo escolar y emocional de los alumnos. Si a eso sumamos las facilidades que la tecnología les ofrece a los acosadores, es perfectamente comprensible, que no aceptable, que terminemos con una bomba de tiempo entre las manos.

Consecuencias del ciberacoso

El ciberbullying tiene consecuencias que pueden impactar de manera negativa en la vida de la victima.
El ciberbullying tiene consecuencias que pueden impactar de manera negativa en la vida de la victima.

Al igual que cualquier tipo de acoso escolar. El ciberbullying tiene consecuencias que pueden impactar de manera negativa todos los aspectos de la vida de la víctima. No sólo el escolar. La falta de autoestima y el bajo rendimiento académico son dos de las consecuencias más evidentes en las víctimas del acoso. Por no mencionar las más extremas. Que incluyen heridas emocionales y físicas. Y casos cada vez menos aislados de deserción escolar, agresiones severas en un intento de defensa. E incluso conatos y suicidios consumados.

En el caso particular del ciberbullying, también es muy frecuente que los acosados caigan en dinámicas de chantaje que los orillan a tomar acciones peligrosas para sí mismos y para los demás.

¿Debemos esperar que las consecuencias del acoso alcancen sus grados más graves para reaccionar? La respuesta es clara. Lo que comienza como un mal día en la escuela, puede terminar en una tragedia. Pensar que no acontecerá en nuestro núcleo familiar o en nuestro salón de clases es tan ingenuo como irresponsable.

Hacernos de la vista gorda ante las primeras señales de alarma es, sin duda alguna, la alternativa más cómoda a largo plazo. Pero también nos convierte en cómplices del infierno que miles de jóvenes viven cada día.

¿Cuales son los tipos de ciberbullying?

Es importante señalar que el uso de cualquier dispositivo de comunicación en manos de un niño o adolescente debe ser estrechamente monitoreado por las figuras de autoridad. Ya que podrían estar siendo víctimas o generadores de ciberbullying de muchas maneras. Entre las que destacan:

  • Mandar o recibir correos electrónicos o mensajes instantáneos amenazadores. Generalmente anónimos.
  • Compartir fotos o datos humillantes de la víctima en sistemas de mensajería.
  • Realizar publicaciones que tengan la finalidad de avergonzar a un alumno frente a sus compañeros.

Cada una de las redes sociales de nuestros hijos, cada canal de comunicación que se apertura con el uso del Internet, puede ser una excelente herramienta didáctica y de vinculación. Pero también puede convertirse en una fuente de sufrimiento constante o en una herramienta para ejercer violencia sobre alguien más. La diferencia depende, en gran medida, de qué tanta importancia le demos a la vigilancia estrecha de dichas actividades virtuales.

¿Cómo prevenir el ciberbullying?

El acoso virtual es un problema de todos. No podemos ignorarlo independientemente si nos afecta a nosotros o no.
El acoso virtual es un problema de todos. No podemos ignorarlo independientemente si nos afecta a nosotros o no.

Claramente, no podemos ni debemos restringir por completo el acceso de nuestros hijos al mundo digital y a las redes sociales. Pero sí podemos cambiar el paradigma de la tan mentada “privacidad”. Y comprender que por encima de ella siempre se encontrará la seguridad.

Del mismo modo que no le damos las llaves de nuestro auto a nuestros hijos de catorce años, no tendríamos porqué ofrecerles una libertad absoluta en cuanto al uso de sus dispositivos. Sobra decir que un niño de diez u once años tampoco necesita todavía un teléfono inteligente. Ni ser usuario de una red social. Al menos no sin supervisión absoluta.

Por triste que suene, la fiscalización constante es la única medida efectiva para detener la expresión cibernética del acoso. Por fortuna, existen cientos de estrategias que podemos adoptar para combatir el problema de raíz. Que se origina directamente en la convivencia familiar y escolar.

Un núcleo familiar saludable es primer paso para evitar que nuestros hijos toleren o ejerzan el bullying. Pero también debemos concentrarnos en el individuo y en la falta de herramientas sociales y emocionales que los llevan a formar parte del círculo vicioso.

Fomentar una integración realista y empática entre los compañeros de salón. Mantener la mente de los niños y jóvenes ocupada en actividades de provecho que les ayuden a apuntalar su autoestima y sus metas en la vida. Y tomarnos en serio, como profesores y padres de familia, nuestra responsabilidad directa en el asunto del bullying. Estas acciones citadas han sido, siguen siendo y siempre serán las mejores soluciones al problema.